viernes, 19 de febrero de 2016

MEJORAR EL SISTEMA SANITARIO...

El 18 de diciembre pasado, resbalé en el portal de mi oficina (recién fregado), sufriendo una caída que me produjo un politraumatismo.
El diagnóstico del centro de salud de de Roquetas fue:
Fractura en 2ª falange del quinto dedo de mano izquierda y fractura con desplazamiento en metatarsiano de pie izquierdo.
Dada la envergadura de las fracturas, me derivan al hospital de Poniente, donde me dicen, que recibiré atención especializada a mi caso, ya, que en opinión de la médica de guardia de mi Centro de Salud, y después de valorar las imágenes de Rayos X, se necesitaba una intervención quirúrgica para que ese dedo no perdiera la funcionalidad.
Y confiada me voy al Hospital de Poniente…
Después de la consabida espera, por fin me atiende una traumatóloga (omitiré su nombre), que afirma que sí, que ese dedo necesitaría una intervención (distracción digital), y se marcha. Pasa el tiempo, y regresa a para decirme que no me operan, que me va a pegar unos tirones y que me escayolan. Colaborativa y algo aliviada porque finalmente, resulte tan fácil y rudimentaria la cura, me ofrezco para que tire del dedo todo lo que quiera. Me acuestan en camilla por si me mareo, soporto estoicamente los tirones, y el enfermero me escayola… Para nada.
Después de escayola y a esperar a que fragüe mal en casita...
Porque después de esto, me enviaron otra vez a Rayos X, y a pesar de que vieron que la factura seguía colapsada, me enviaron para casa. Hasta nueva cita, en la que pasa el tiempo… demasiado tiempo. Y tres semanas después en la próxima cita, ven que ya es tarde. Que la escayola, en esas casi tres semanas, lo que ha hecho es consolidar una fractura colapsada. Como los días van en mi contra, y no me ofrecen ninguna solución en el Hospital, decido operarme de forma privada (con traumatólogos del Poniente), para lograr alguna funcionalidad en el dedo.
Y en la próxima revisión, la traumatóloga que me "dio el tirón", algo molesta porque me haya operado de forma privada, y con una actitud arrogante me reconoce que sí; «que ha pasado mucho tiempo con esa fractura colapsada y escayolada», pero que:
«Ella no tiene la culpa de que el Sistema funcione mal. Y que ellos, además no le van a hacer el trabajo al Sistema, que si no, el Sistema se aprovecharía de ellos…»
Y con una sensación de impotencia y desamparo, me fui a poner una reclamación. Pero se ve que a pesar de lo publicitado en la página web del Hospital de Poniente, el Sistema va lento, y todavía, no me ha contestado.
Del pie; ni caso.
Ayer, que me tocaba una nueva revisión, se escandaliza un traumatólogo (nuevo) de que todavía no me hayan llamado de fisioterapia, a pesar de que tengo petición de Urgente.
Me vuelve a decir que ponga una reclamación; y dale… (No la puse).
Benévolamente accedió a verme el pie:
«Porque soy yo―me dijo―, que no se pueden ver dos lesiones en una misma consulta».
Casi tuve que suplicarle, explicándole que han pasado dos meses y que en las revisiones no han querido verme el pie, finalmente, me manda una radiografía y ante su asombro observa secuelas de una fractura por desplazamiento. Me pregunta si me he operado del juanete, digo que no, y para cerciorarse (por si tenía un lapsus de memoria, o algo así) me pide que me quite el calzado y…oh, oh...; no hay cicatriz de operación de juanete, pero sí hay secuelas compatibles con esa fractura mal curada, y, magnánimamente, me pide una resonancia, que me realizarán antes del 6 de abril. Francamente; ni la fisio (particular), ni yo, entendemos, ya, para qué…
Y en esas estoy… Con las limitaciones que me han quedado en la movilidad de mi dedo y que haré todo lo posible por rehabilitar lo máximo que se pueda, una leve cojera, y el ánimo crispado ante tanto despropósito, ante la mala funcionalidad de este sistema llamado SAS, en el área del Poniente.
Como dentro de poco impartiré unas clases en la Universidad sobre Sistemas, Coaching y pensamiento Sistémico, las palabras de la traumatóloga, me siguen resonando de una forma especial. Tomo consciencia de que yo, también formo parte del sistema:Usuaria.
En mis clases suelo empezar el módulo explicando:
“Un sistema es algo que fundamenta su existencia y sus funciones como un todo mediante la interacción de sus partes…”
Y reflexiono, que como usuaria, tengo mis derechos, pero también mis obligaciones: Contribuir a la Mejora del Sistema.
Quedarme pasiva ante esta disfunción del Sistema, me convierte en más infuncional, todavía, y convencida de que aunque lo mío, ya, no se pueda arreglar; se hace camino al andar, y mirando solidariamente al que venga detrás, he decido aprovechar que vivo en un país en el que hay libertad de expresión para denunciar esta mala práctica del hospital de Poniente,
He acabado costeándome cirugía, fisioterapia y rehabilitación, de mi bolsillo particular, porque el sistema no ha sido eficiente. Pero otros usuarios, a lo mejor, no podrán...
Algunos amigos me han animado a denunciar de forma legal, para que al menos se me repare por los daños y perjuicios causados. Pero de momento no quiero malgastar mi tiempo y energía en esa gesta, que sé, que en eso, el Sistema funciona muy bien, cohesionado y corporativamente.
De momento, me basta el haber podido desahogarme con vosotros, y utilizar esta vía pública como denuncia de opinión, esperanzada en que compartir mi periplo como paciente del Poniente, en este caso, sirva para mejorar ese sistema, que tanto los usuarios como los profesionales de la salud; merecemos.
La confesión de esta mala práctica que he padecido, no incluye, las otras buenas prácticas que realizan otros profesionales de la salud de ese sistema.
¡Gracias!



miércoles, 3 de febrero de 2016

Chemtrails

A quien corresponda o interese:
Casi cada mañana me gusta recibir al amanecer en mi terraza.
En estos años he aprendido a reconocer los olores, sonidos y colores: los despertares que produce la llegada de la luz.
Y en quietud (cuando me resulta posible), suelo mirar arriba...
Me sé de memoria los horarios de los aviones que llegan o salen del aeropuerto de Almería. Por eso sé reconocer una anomalía. Algo que rompe la cadencia acostumbrada, y alguna vez, me he sorprendido con estelas, que rompen los principios de aerodinámica, pero no me había atrevido a fotografiarlo, porque :" para qué..."
Pero hoy he querido hacerlo.
A pesar de que no soy una experta en el tema, he sospechado que las estelas superpuestas, y muy, muy, cercanas a mi terraza, corresponden a una fumigación.
Y he pensado en los chemtrails (estelas químicas); de las cuales no sé mucho, sólo que ya no son sólo agricultores, meteorólogos, y gente preocupada, los que lo denuncian. También hay algún ayuntamiento, valiente que se ha atrevido a hacerlo.
Reconozco que no tengo mucha información sobre el tema. La que te puede proporcionar Google si pones: "denunciar chemtrails, España".
Pero esta mañana tengo mis fotos. Tomadas a las 8:20. Y os tengo a vosotros, (por favor, permitidme el neutro).
Si alguien sabe qué hacer, cuál podría ser el siguiente paso que se podría dar, que cuente conmigo.No quiero ser cómplice por omisión, o conformismo.
¡Gracias!

lunes, 9 de noviembre de 2015

Koan

Me fascinan las palabras, el significado de ellas, y lo que supone articularlas.
En esta búsqueda incesante, de reconstruirme a través de las mismas, leo, escucho, escribo…
Y a veces, juego.
También resuelvo enigmas, me dejo llevar por lo que me transmite un haiku, o voy más allá, y me busco un koan.
Pero;  ¿qué es un koan?
Es una especie de enigma, que no hay que resolver, sino pensarlo, para apoyarse en él, ya, que para cada persona, tendrá un significado distinto, según su mapa mental,  y el desafío vital por el que esté atravesando
 Y si no hay que resolverlo; ¿qué es, entonces lo que hay que hacer…? ¿Cómo utilizarlo?
(Si me permitís, y con todo respeto, a este interesante arte japonés, voy a resumirlo, según mi propio entender, e intentar definirlo con metáforas):
Un Koan, puede ser esa llave, que abre la puerta siguiente, en tu desarrollo personal….
Unos zapatos, adaptados que te ayudan a seguir el camino.
El hilo de Ariadna, que tira de ti, para sacarte de un laberinto.
Una pista, un guiño, un golpe de abanico, cuyo significado sólo por ti es conocido, interpretado, asumido.
Es algo tan personal, tan íntimo, y subjetivo, que como las láminas de Rochas, sólo para ti, tiene un sentido.
Su sentido y tu voluntad de seguir creciendo como persona, hace que un ensarte de palabras, pueda definirse como un Koan.
Otras culturas, tienen también sus  “koans”. Pero hoy, he querido pasearme por Japón, y ojear por los eslabones de su milenaria sabiduría.
Por favor; ¿me regalas un Koan?
Gracias

martes, 6 de enero de 2015

Globo Negro

Ocurrió hace ya muchos años;
Cuarenta y cinco, nada más,  y nada menos.
Me encontraba yo viviendo en Madrid, en casa de mi abuela, cuando un tío mío; junto con su novia, decidieron hacerme un regalo, un regalo imposible de olvidar, aun con el generoso pasar del tiempo. Me llevaron a la cabalgata de reyes. Y mi tío Jesús, se gastó todo su dinero; un duro, para comprarme algo que me tenía fascinada: Un globo.
Yo nunca  había visto esos globos tan bonitos, tan coloridos, tan verticales.
Y como yo no paraba de mirarlos, la pareja de novios, cuchicheó algo y me preguntaron si quería uno.
¿Cómo no iba a quererlo? En aquella época yo no era consciente de que ellos invertían todo su capital en la sonrisa admirada, de una niña de cinco años.
Cuando nos acercamos al "globero", mi tío me preguntó que cuál quería:
- !El negro! - Dije sin dudar-.
"¿El negro...?" La pareja se extrañó ante mi gusto tan poco convencional e insistió que había otros, de muchos colores, más bonitos, divertidos...Pero no me preguntéis porqué, yo quería  ese globo negro
En esa mágica noche, donde la gente, gritaba excitada que "ya vienen los reyes". Entre el apretujamiento y la emoción colectiva, debió de abrirse el puño de mi mano. En un segundo,  noté como el fino cordel se deslizaba de mi palma; rápido, sin permiso, sin retorno...
Me quedé impresionada, asustada, de ver mi globo izarse hacia arriba. Tenía la infantil esperanza de que mi tío lo rescatara, de que el globo volviera...
Imposible tarea.
 Sólo me quedaba contemplar extasiada el cielo.
Entre enfadada, y sorprendida, mis ojos, se quedaron prendidos de aquel globo negro . Vi asustada, que se elevaba sin límites, sin fronteras, sin miedo
Tuve ganas de llorar, pero me daba vergüenza. Me sentí  mal. Por varias cosas. Entre ellas de que hubieran gastado en mí todo su dinero. Vi en sus caras cierta decepción, y empecé a reprocharme el haber abierto mi mano
Nadie me había dicho, que los globos de Madrid, si los sueltas, se van al cielo. 
En mi breve experiencia de vida, era la primera vez que tenía un globo con helio.

La gente miraba mi globo, que ya no era mío...
Lo señalaban  con el dedo, hasta que se hizo muy pequeñito; sólo un punto, negro.
Esa noche lloré en mi cama.
En silencio.
Lloraba por mi torpeza, por esa absurda  pérdida,  sin yo quererlo.
Sé que no duraría mucho mi desconsuelo, porque como la mayoría de los niños me despertaría al día siguiente, con algún regalo en el suelo.
 ¿Qué me trajeron aquel año los reyes... ? 
Ya ni me acuerdo. He  olvidado, muchos regalos, muchas cabalgatas, pero jamás a mi globo negro
Que sin avisarme que volaba, sin despedirse se quiera, se marchó por los cielos
Se empeña, fielmente, en aparecer por mi mente, con su color y  su vuelo, cada  5 de enero.
su regreso;  provoca ya en mí  una sonrisa, una reflexión , un bonito recuerdo.

Él me enseñó, luego, que es mejor abrir las manos, soltar... que las pérdidas suceden en esta vida; sin remedio.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Encuentro


      En estos días de Navidad, decidí conocer a una persona.

        Conocerla de forma presencial, pues ya la conocía a través de su valioso legado a la humanidad, en la ofrenda y preservación del Fondo Kati.

     También la conocía porque en este pasado agosto,
lo escuché recitar sus inolvidables versos.

     Quedé para desayunar con Ismael Diadiè; en un típico lugar de Granada.

     Respira Ismael, una palabra poética; limpia, pura, contundente...
    Forjada en cada verso, a golpe de sed, de silencio, de dolor, de amor, y de muerte.
    De "espantosas y perplejas vivencias "como refleja esta estrofa de su poema minimalista:

             "como la noche y la nieve;
              como la mar y la espuma..."

   De su Terceto para el  final de los tiempos.

   Pude recordarlos, al estar a su lado, comentar su trascendencia y lo que produjo en mí, el escucharlos.
    Recordé también, cómo se conmovió, el público congregado, el pasado 19 de agosto en la Zubia, para el Recital de Poesía en el Laurel y cómo aplaudió, agradecido; a sus versos, su exilio, su persona...

     Al confesarle las sensaciones que me produjeron sus poemas,  acabamos hablando de filósofos, de poetas y de la mística española. Del silencio, de la importancia del silencio en la actividad creadora

     Fue un tiempo también para  preguntas ... Algunas quedaron respondidas, otras quedan reposando en el alma, madurando en silencio,  hasta dar a la luz su respuesta. Si es que la tiene...

     Había ido muy emocionada a nuestra cita,  para nuestro encuentro, y quedé encantada.
     Nos encontramos, y reconocimos  como personas, como seres humanos, que compartieron unos momentos profundos, llenos de significado.

     Dentro de pocos días, su libro; Zimma, verá la luz, y será todo un honor beber de esa fuente del saber.
     Gracias Ismael, por tu sonrisa, por tu generosidad, por regalarme semillas de sabiduría que espero que sigan germinando en mí.

                     Tus ojos sólo tienen 57 estaciones de lluvia...

                      ¡Gracias por dejarme admirar en ellos...!