Ocurrió hace ya muchos años;
Cuarenta y cinco, nada más, y nada menos.
Me encontraba yo viviendo en
Madrid, en casa de mi abuela, cuando un tío mío; junto con su novia, decidieron hacerme un
regalo, un regalo imposible de olvidar, aun con el generoso pasar del tiempo. Me llevaron a la cabalgata de reyes. Y mi tío
Jesús, se gastó todo su dinero; un duro,
para comprarme algo que me tenía fascinada: Un globo.
Yo nunca había visto esos globos tan bonitos, tan
coloridos, tan verticales.
Y como yo no paraba de mirarlos,
la pareja de novios, cuchicheó algo y me preguntaron si quería uno.
¿Cómo no iba a quererlo? En
aquella época yo no era consciente de que ellos invertían todo su capital en la
sonrisa admirada, de una niña de cinco años.
Cuando nos acercamos al "globero", mi tío me preguntó que
cuál quería:
- !El negro! - Dije sin dudar-.
"¿El negro...?" La
pareja se extrañó ante mi gusto tan poco convencional e insistió que había
otros, de muchos colores, más bonitos, divertidos...Pero no me preguntéis porqué,
yo quería ese globo negro
En esa mágica noche, donde la
gente, gritaba excitada que "ya vienen los reyes". Entre el apretujamiento
y la emoción colectiva, debió de abrirse el puño de mi mano. En un segundo, noté como el fino cordel se deslizaba de mi
palma; rápido, sin permiso, sin retorno...
Me quedé impresionada, asustada,
de ver mi globo izarse hacia arriba. Tenía la infantil esperanza de que mi tío
lo rescatara, de que el globo volviera...
Imposible tarea.
Sólo me quedaba contemplar extasiada el cielo.
Entre enfadada, y sorprendida,
mis ojos, se quedaron prendidos de aquel globo negro . Vi asustada, que se elevaba
sin límites, sin fronteras, sin miedo
Tuve ganas de llorar, pero me
daba vergüenza. Me sentí mal. Por varias
cosas. Entre ellas de que hubieran
gastado en mí todo su dinero. Vi en sus
caras cierta decepción, y empecé a reprocharme el haber abierto mi mano
Nadie me había dicho, que los
globos de Madrid, si los sueltas, se van al cielo.
En mi breve experiencia de
vida, era la primera vez que tenía un globo con helio.
La gente miraba mi globo, que ya
no era mío...
Lo señalaban con el dedo, hasta que se hizo muy pequeñito; sólo un punto, negro.
Esa noche lloré en mi cama.
En
silencio.
Lloraba por mi torpeza, por esa
absurda pérdida, sin yo quererlo.
Sé que no duraría mucho
mi desconsuelo, porque como la mayoría de los niños me despertaría al día siguiente, con algún regalo
en el suelo.
¿Qué me trajeron aquel año los reyes... ?
Ya
ni me acuerdo. He olvidado, muchos
regalos, muchas cabalgatas, pero jamás a mi globo negro
Que sin avisarme que volaba, sin
despedirse se quiera, se marchó por los cielos
Se empeña, fielmente, en aparecer
por mi mente, con su color y su vuelo, cada
5 de enero.
su regreso; provoca ya en mí una sonrisa, una reflexión , un bonito
recuerdo.
Él me enseñó, luego, que es mejor abrir las manos, soltar... que las pérdidas suceden en esta vida; sin remedio.