Me fascinan las palabras, el significado de ellas, y lo que
supone articularlas.
En esta búsqueda incesante, de reconstruirme a través de las mismas, leo, escucho, escribo…
Y a veces, juego.
También resuelvo enigmas, me dejo llevar por lo que me transmite
un haiku, o voy más allá, y me busco
un koan.
Pero; ¿qué es un
koan?
Es una especie de enigma, que no hay que resolver, sino
pensarlo, para apoyarse en él, ya, que para cada persona, tendrá un significado distinto,
según su mapa mental, y el desafío vital
por el que esté atravesando
Y si no hay que
resolverlo; ¿qué es, entonces lo que hay que hacer…? ¿Cómo utilizarlo?
(Si me permitís, y con todo respeto, a este interesante arte
japonés, voy a resumirlo, según mi propio entender, e intentar definirlo con metáforas):
Un Koan, puede ser
esa llave, que abre la puerta siguiente, en tu desarrollo personal….
Unos zapatos, adaptados que te ayudan a seguir el camino.
El hilo de Ariadna, que tira de ti, para sacarte de un
laberinto.
Una pista, un guiño, un golpe de abanico, cuyo significado
sólo por ti es conocido, interpretado, asumido.

Su sentido y tu voluntad
de seguir creciendo como persona, hace que un ensarte de palabras, pueda definirse como un
Koan.
Otras culturas, tienen también sus “koans”. Pero hoy, he querido pasearme por Japón,
y ojear por los eslabones de su milenaria sabiduría.
Por favor; ¿me regalas un Koan?
Gracias